El Maguro zarpó: la esperanza se abre paso en altamar
Desde Yucalpetén, el primer Convoy Nuestra América parte rumbo a Cuba con 36 toneladas de ayuda humanitaria, tras sortear obstáculos y convertir la solidaridad en una utopía concreta en movimiento.
Por David Rico
Mérida, Yucatán, a 20 de marzo de 2026.- El Maguro finalmente zarpó. Lo vi dejar el puerto de Yucalpetén, en Progreso, a la una de la tarde, empujado no solo por el motor cansado de un viejo atunero, sino por algo más difícil de medir: la terquedad de la esperanza. Al grito de “Cuba sí, bloqueo no”, comenzó a abrirse paso en el mar como quien insiste, incluso cuando todo parece diseñado para detenerlo.
Horas antes, en realidad, un día entero antes, no estaba claro que esto fuera a suceder. La salida estaba programada para ayer a las cinco de la tarde. Todo estaba listo: las más de 30 personas que integran la misión, organizadas bajo la figura del internacionalismo; también periodistas, mujeres y hombres dispuestos a documentar la travesía y también a vivirla.

Pero el viaje se detuvo en seco. La Capitanía de Puerto marcó un alto: faltaban trámites, ajustes, medidas de seguridad. Durante horas, la posibilidad quedó suspendida en ese territorio incierto donde los proyectos naufragan antes de tocar el agua.
Y sin embargo, ocurrió lo que el activista brasileño Thiago Ávila llamó, sin titubeos, un “milagro logístico”. Todo se resolvió. La Capitanía y la Marina terminaron por dar el respaldo necesario. Lo que parecía traba se volvió impulso. Lo que parecía límite, condición de posibilidad.

Así se pudo abrir paso el primer Convoy Nuestra América, de Yucatán a Cuba.. A bordo viajan alrededor de 36 toneladas de ayuda humanitaria: alimentos, leche, agua, medicamentos, papel de baño, pañales y otros insumos de primera necesidad. También algunas bicicletas y paneles solares.
Pero reducir esta travesía a un inventario sería no entender nada.Porque lo que realmente transporta el Maguro no cabe en las bodegas.

Thiago Ávila lo dijo con claridad: es momento de que los pueblos del mundo, como hoy lo hacen México y Yucatán, miren hacia Cuba, un país que históricamente ha sido solidario y que hoy enfrenta los embates de un bloqueo económico que no necesita adjetivos para entender su dimensión. Y ahí radica el peso político y humano de esta misión: no es solo ayuda, es una toma de postura.
En medio de todo, no pude evitar pensar en Ernst Bloch, en su idea de la esperanza no como consuelo vacío, sino como “utopía concreta”: algo que se construye, que se empuja, que se arranca de la realidad a fuerza de práctica y de lucha. La esperanza, entendida así, no espera, actúa y es posibilidad real de un mundo mejor.

Y eso es exactamente lo que vi. Más de 30 personas embarcándose para una travesía de tres o hasta cuatro días en altamar, dependiendo del humor del mar. Sin comodidades, sin posibilidad de cambiarse de ropa, con lo mínimo para comer, apretados en un barco que carga más historia que lujo. Pero con una certeza que no se negocia: ayudar a otros seres humanos. Esa es la esencia.
El buque Papaloapan de la Armada de México escoltará al Maguro en su ruta hacia Cuba. Una travesía larga, vigilada, tensa por momentos, pero también profundamente simbólica: un convoy que no solo cruza el mar, sino que desafía inercias políticas y geográficas.

Y ahí van. Ahí vamos también, de algún modo, porque entre la tripulación viajan periodistas que decidieron poner el cuerpo para contar esta historia y no desde la distancia cómoda de la redacción, sino desde la incomodidad del oleaje, desde el cansancio, desde el riesgo, exponiendo el ser por el deber: documentar no solo el viaje, sino lo que vendrá después, la realidad que se vive en la isla.
El Maguro se hace pequeño conforme se aleja del puerto, pero lo que carga crece. No sé si llegará sin contratiempos. No sé cómo serán exactamente esos días en altamar. Lo que sí sé es que hoy la esperanza es posibilidad.
