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Entró en vigor el Tratado de Alta Mar, clave para proteger casi la mitad del planeta

El acuerdo crea por primera vez un marco legal para conservar la biodiversidad en aguas internacionales.

Por Redacción

Mérida, Yucatán, a 18 de enero de 2026.- El Tratado de Alta Mar entró oficialmente en vigor este 17 de enero, marcando un hito en la gobernanza ambiental global al establecer, por primera vez, un marco legal para proteger la biodiversidad en aguas internacionales, que abarcan cerca de dos tercios del océano y casi la mitad de la superficie del planeta.

Conocido formalmente como el Acuerdo sobre Biodiversidad Marina más allá de la Jurisdicción Nacional (BBNJ, por sus siglas en inglés), el tratado crea un órgano de gobierno y un procedimiento legal para designar áreas marinas protegidas en alta mar, una zona que hasta ahora carecía de mecanismos efectivos de conservación. Más de 80 países han ratificado el acuerdo, aunque su carácter legalmente vinculante aplica únicamente para los Estados que han completado ese proceso.

Organizaciones ambientalistas y científicas coincidieron en que la entrada en vigor representa una oportunidad sin precedentes, pero advirtieron que el impacto real dependerá de la voluntad política y de la rapidez con la que se traduzcan los compromisos en medidas concretas de protección.

En ese contexto, la científica en jefe de Oceana, Katie Matthews, subrayó que el tratado por sí solo no garantiza la conservación de los océanos.

“La entrada en vigor del Tratado de Alta Mar es un momento histórico para los océanos, creando la primera oportunidad real de proteger aguas que cubren casi la mitad del planeta. Pero un tratado en papel no salvará los océanos. Lo que importa ahora es convertir estas palabras en acciones”.

Matthews añadió que el potencial del acuerdo dependerá de una mayor adhesión internacional y de decisiones ambiciosas en el corto plazo.

“Para liberar todo el potencial del Tratado, más países deben ratificarlo, participar en la toma de decisiones y pasar rápidamente de las promesas a la protección real. Si los líderes mundiales hablan en serio sobre proteger el 30% de los océanos para 2030, se necesita acción ambiciosa en alta mar. Esta es una responsabilidad compartida y el momento de actuar es ahora”.

Mientras el tratado era negociado, Oceana impulsó campañas paralelas para la protección de la biodiversidad en alta mar a través de otros mecanismos internacionales. Un ejemplo es el trabajo de la organización en Chile, donde colabora con la Organización Regional de Ordenación Pesquera del Pacífico Sur para promover un cierre pesquero en la Cordillera de Salas y Gómez-Nazca, una región de casi 2,900 kilómetros cuadrados que alberga más de 100 montañas submarinas consideradas focos clave de biodiversidad.

Especialistas advierten que el desafío inmediato del Tratado de Alta Mar será pasar de la arquitectura legal a la implementación efectiva, en un contexto de presiones crecientes por la pesca industrial, la minería submarina y el cambio climático.

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