Hablar de dinero también es una lucha feminista
En foro organizado por la CODHEY y CEJUDI, señalaron que impuestos, trabajo y cuidados siguen colocando a las mujeres en desventaja estructural.
Por David Rico
Mérida, Yucatán, a 06 de marzo de 206.- Hablar de dinero también es hablar de desigualdad. Desde la economía feminista, temas como los impuestos, los salarios, el acceso al trabajo o el peso de los cuidados muestran que las mujeres no solo viven impactos económicos distintos a los de los hombres, sino que lo hacen desde una posición estructural de desventaja que atraviesa buena parte de su vida laboral y cotidiana.
Ese fue uno de los planteamientos centrales del foro “Economías Feministas, Logros, Avances y Retos”, realizado en el Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales de la UNAM en Mérida, donde activistas, académicas y defensoras de derechos humanos reflexionaron sobre los avances y pendientes para construir sistemas económicos más justos.

La integrante de la agrupación CEJUDI, María Paula Balam, señaló que abrir la conversación sobre economía feminista también implica cuestionar estigmas históricos que han marcado la relación de las mujeres con el dinero.
“Como mujeres, el simple hecho de hablar sobre dinero ya implica confrontar varios estigmas y estereotipos de género que han regido nuestra vida”, afirmó.
Explicó que no es posible transformar la relación con los medios de producción, el trabajo o el propio dinero si estos temas no se abordan desde la justicia social y el género.

Uno de los ejes de la discusión fue la justicia fiscal, es decir, analizar quién paga impuestos, cuánto paga y cómo esos recursos se reflejan en políticas públicas que reduzcan las desigualdades.
Balam explicó que existen cargas económicas que impactan de forma diferenciada a las mujeres, como ocurre con los productos menstruales, que representan un gasto exclusivo para mujeres o personas gestantes.
“Ahí ya hay un gravamen que solo las mujeres o personas gestantes estamos pagando, a diferencia de quienes no menstruan”, apuntó.

A partir de esa realidad, señaló que también debería ser posible rastrear cómo los impuestos se traducen en políticas públicas dirigidas a atender problemáticas que afectan de manera particular a las mujeres, como la violencia de género o la desigualdad laboral.
La activista mencionó que en países como Uruguay y Colombia se han desarrollado trazadores presupuestales con perspectiva de género, mecanismos que permiten identificar cómo el gasto público puede impulsar la participación de mujeres en sectores tradicionalmente masculinizados, como la construcción.
Además, subrayó que la transformación económica también requiere productos financieros con perspectiva de género, como seguros, fondos de retiro o esquemas de ahorro que tomen en cuenta las condiciones laborales y de vida de las mujeres.
“Se requieren políticas económicas, productos financieros y muchas otras herramientas con perspectiva de género, pero el punto de partida es empezar la conversación sobre mujeres y dinero”, sostuvo.
Balam reconoció que existen avances, entre ellos el acceso de más mujeres al trabajo profesional y la creciente discusión sobre la economía de cuidados, aunque todavía queda camino por recorrer para alcanzar una mayor igualdad.
Durante la inauguración del foro, la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Yucatán (CODHEY), María Guadalupe Méndez Correa, destacó la importancia de abrir estos espacios de reflexión para cuestionar estructuras históricas que han invisibilizado el trabajo de las mujeres.
Recordó que durante siglos el trabajo doméstico y de cuidados fue presentado como una obligación natural de las mujeres, cuando en realidad es una labor que sostiene el funcionamiento de la economía.
“Durante siglos nos dijeron que cocinar, cuidar y sostener la vida era un instinto natural. Pero como señaló Silvia Federici, eso que llaman amor es trabajo no pagado”, expresó.
Méndez Correa añadió que reconocer el valor económico del trabajo de cuidados no implica cuestionar el afecto, sino evidenciar un sistema que se sostiene en labores invisibilizadas y no remuneradas realizadas principalmente por mujeres.
El foro reunió a especialistas y organizaciones para reflexionar sobre los avances y retos de las economías feministas y la necesidad de integrar la igualdad de género en las decisiones económicas y fiscales.
