Conmemorar para transformar: el llamado a no repetir exclusiones a 110 años del Primer Congreso Feminista
En sesión solemne de Cabildo, Liliana Hernández Santibañez llamó a convertir la conmemoración en una herramienta activa de transformación social y política, y no en un ejercicio que reproduzca silencios, exclusiones o una memoria administrada desde la institucionalidad.
Por David Rico
Mérida, Yucatán, a 16 de enero de 2026.- A 110 años del Primer Congreso Feminista de 1916, la creadora escénica, actriz y gestora cultural Liliana Hernández Santibañez llamó a convertir la conmemoración en una herramienta activa de transformación social y política, y no en un ejercicio que reproduzca silencios, exclusiones o una memoria administrada desde la institucionalidad.
Durante su intervención, Hernández subrayó que el valor histórico del Congreso no puede separarse de una revisión crítica de sus límites, particularmente de la convocatoria que excluyó a mujeres indígenas y a quienes no cumplían con criterios de clase, lengua o educación formal. “Si ese Congreso abrió una puerta, hoy tenemos la responsabilidad de preguntarnos quiénes siguen sin poder cruzarla”, planteó.

La creadora insistió en que conmemorar implica ensanchar el relato y asumir las deudas históricas. Recordó que muchas mujeres ya transformaban su entorno desde saberes y resistencias no reconocidas por los registros oficiales, y advirtió que hablar de “las mujeres” como un bloque homogéneo sigue dejando fuera cuerpos, voces y experiencias diversas.
En la sesión solemne de Cabildo realizada en Mérida, ante la presencia de la alcaldesa Cecilia Patrón Laviada, regidoras, regidores y personas invitadas, Hernández Santibañez cuestionó el papel de las instituciones en la construcción de memoria pública. Señaló que los actos conmemorativos deben abrir preguntas y no clausurarlas, así como revisar el lugar que hoy ocupan las mujeres en los espacios de decisión, en los presupuestos y en las agendas públicas.

Aunque reconoció que el Primer Congreso Feminista fue un parteaguas y una muestra de organización política encabezada por mujeres, más allá de la figura del entonces gobernador Salvador Alvarado, Hernández llamó a leer ese episodio sin idealizaciones. Destacó el trabajo del comité organizador y la red de maestras que permitió la participación de más de 600 mujeres provenientes de distintos municipios de Yucatán, en un contexto marcado por debates, tensiones y posturas encontradas.
La oradora subrayó que muchos de los temas discutidos en 1916, educación, participación política, autonomía, cuerpo y trabajo, siguen vigentes hoy, aunque bajo nuevas formas. Reconoció avances en derechos y visibilidad, pero advirtió que la desigualdad estructural persiste y se expresa en violencias políticas, económicas y digitales, así como en la precarización y criminalización de las mujeres.

Alertó además que, aunque Yucatán presenta tasas de feminicidio menores que otros estados del país, estos crímenes continúan ocurriendo, lo que evidencia omisiones institucionales y la necesidad de políticas públicas efectivas. A ello se suman las brechas laborales y de representación política, así como la carga desproporcionada del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.
Hernández planteó la memoria como un territorio vivo que debe recorrerse y activarse en el presente, no quedar reducido a fechas conmemorativas. En ese sentido, llamó a entender los feminismos y las masculinidades diversas como prácticas cotidianas que atraviesan la forma de gobernar, convocar, educar y habitar los espacios públicos.
Finalmente, invitó a mirar el legado del Primer Congreso Feminista como una base sobre la cual seguir construyendo, no como una historia cerrada. “Las luchas no pueden quedarse en los aniversarios”, afirmó, al convocar a seguir ensanchando los espacios de participación para que, esta vez, quepan todas.
