Cuatro tipos de manglar protegen a Celestún
Franja, cuenca, chaparro y petén se desarrollan bajo condiciones distintas dentro de la Reserva de la Biósfera Ría Celestún, pero en conjunto ayudan a regular el agua, retener sedimentos, almacenar carbono y reducir los efectos de fenómenos meteorológicos extremos.
Por David Rico
Mérida, Yucatán, a 6 de octubre de 2026.- Los manglares de la Reserva de la Biósfera Ría Celestún no forman un bosque uniforme. A lo largo de este ecosistema costero se desarrollan cuatro tipos de manglar cuyas diferencias están relacionadas con las condiciones del suelo, la cantidad de agua disponible, los nutrientes y los niveles de salinidad.
Un análisis realizado por especialistas del CINVESTAV y la ENES-Mérida documentó las características de estos cuatro ambientes y los servicios ecológicos que proporcionan. Se trata de los manglares de franja, cuenca, chaparro y petén.

Aunque cada uno responde de manera distinta al ambiente donde crece, todos forman parte de un sistema que ayuda a proteger la costa y a mantener el equilibrio ecológico de la reserva.
El manglar de franja ocupa las zonas próximas a la costa y a lagunas protegidas, donde tiene una mayor interacción con las mareas y el viento. Su posición le permite funcionar como un filtro natural al retener los sedimentos transportados por el agua.
Esa ubicación también le permite contribuir a amortiguar el efecto del oleaje y del viento sobre la zona costera. Esta función adquiere especial relevancia durante eventos extremos, como los huracanes.

Tierra adentro aparece el manglar de cuenca, donde la influencia de las mareas es menor y las condiciones de salinidad cambian. Uno de sus aportes está relacionado con la regulación del agua, ya que el suelo tiene capacidad para absorberla y contribuir así a disminuir los efectos de las inundaciones. También representa una fuente de madera.
En condiciones todavía más restrictivas crece el manglar chaparro. Se desarrolla en planicies costeras donde puede haber pocos nutrientes o concentraciones elevadas de salinidad, circunstancias que limitan el crecimiento de los árboles, que pueden alcanzar apenas alrededor de dos metros.
Su reducido tamaño no corresponde con su importancia dentro del paisaje. En Celestún este tipo de manglar ocupa aproximadamente 14 mil 700 hectáreas, una extensión que hace que, en términos acumulados, sea el que más carbono almacena, suelo capta y agua absorbe entre los cuatro tipos identificados.
En el otro extremo se encuentra el manglar de petén, que crece alrededor de los llamados ojos de agua, sitios donde emerge agua subterránea. La mayor disponibilidad de nutrientes y una menor salinidad favorecen un desarrollo mucho más vigoroso, con árboles que pueden superar los 15 metros de altura.
Por superficie, el petén destaca por la cantidad de servicios que puede proporcionar cada hectárea. El análisis lo identifica como el tipo de manglar con mayor capacidad para almacenar carbono y absorber agua en el suelo, además de registrar la mayor producción de madera por hectárea.
Las diferencias entre los cuatro ambientes muestran que no existe una única manera en que un manglar contribuye al funcionamiento de la costa. La ubicación y las condiciones ambientales determinan qué servicio puede proporcionar con mayor intensidad.
A esto se suma una función compartida: los manglares ofrecen refugio y zonas de crianza para numerosas especies, incluidas aquellas relacionadas con las pesquerías.
Así, franja, cuenca, chaparro y petén cumplen papeles distintos dentro de un mismo sistema. Unos retienen sedimentos, otros ayudan a regular el agua y algunos destacan por su capacidad para almacenar carbono, pero juntos forman una barrera natural que contribuye a proteger la costa de Yucatán.
