Género y Derechos Humanos

El 8M, mujeres tomarán las calles en Mérida

Integrantes de diferentes colectivas exigieron al estado garantías de seguridad para la marcha; lamentaron la omisión de laCODHEY que a un año no ha dado posicionamiento sobre los hechos de la marcha del año pasado.

Señalaron como eje de la marcha la  violencia feminicida, transfeminicida y retrocesos en derechos. “Ni la tierra ni las mujeres somos territorio de conquista”.

Por Redacción

Mérida, Yucatán, a 27 de febrero de 2026.- Las mujeres volverán a tomar las calles este 8 de marzo en Mérida. No como acto simbólico, sino para marcarle un alto al Estado: la exigencia de seguridad para marchar ya está sobre la mesa y la omisión institucional sigue. A un año de los hechos de violencia ocurridos durante la movilización pasada, la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Yucatán continúa sin fijar una postura pública, pese a que existe una investigación de oficio por presuntas violaciones a derechos humanos. El silencio, advirtieron colectivas, también violenta.

En rueda de prensa, mujeres de distintas colectivas y organizaciones dejaron claro que el 8M no es una fecha para “conmemorar”, sino para confrontar los retrocesos en derechos humanos que atraviesan la vida cotidiana de las mujeres y de las disidencias sexogenéricas. La marcha saldrá a las 17:00 horas del Parque de Mejorada rumbo al Monumento a la Patria. Por seguridad, no se revelará la ruta y el día del evento se informará cómo se integrarán los contingentes.

La movilización será incluyente: convocan a mujeres de colectivas, asociaciones civiles, defensoras del territorio, mujeres trans y a la comunidad LGBT+. Esta vez no se ingresará al Centro Histórico, una decisión política para evitar que la protesta sea reducida a “afectaciones” a comercios o convertida en espectáculo. “No vamos a pedir permiso para exigir derechos”, señalaron.

Las causas que empujan a salir a las calles no son nuevas, pero siguen intactas. Las colectivas denunciaron la brecha salarial que precariza la vida de las mujeres, la sobrecarga del trabajo de cuidados no remunerado, la falta de un sistema de cuidados que no recaiga en los cuerpos feminizados y la desprotección de derechos reproductivos y de lactancia en el ámbito laboral. También pusieron sobre la mesa la violencia sexual contra las niñeces y la normalización institucional del abuso, una herida abierta en Yucatán que no ha sido enfrentada con la contundencia que exige la gravedad del problema.

En el terreno de la violencia feminicida, las organizadoras acusaron que la tipificación del feminicidio sigue siendo relativizada por autoridades que prefieren “limpiar cifras” con categorías neutras. Esa práctica, dijeron, no es un error técnico: es una forma de negar la violencia estructural que mata a las mujeres por ser mujeres. A la par, denunciaron la impunidad en los crímenes contra mujeres trans, cuyas muertes suelen quedar fuera de los registros como crímenes de odio.

Otro frente de lucha que atravesará la marcha es el del territorio. La consigna de este año —“Ni la tierra ni las mujeres somos territorio de conquista”— conecta la violencia contra las mujeres con el despojo que viven comunidades rurales ante megaproyectos, gentrificación y mafias inmobiliarias. Las organizadoras llamaron a que mujeres defensoras del territorio encabecen los contingentes para visibilizar que el “progreso” que expulsa a la gente de sus comunidades también es una forma de violencia.

El mensaje es frontal: la protesta es un derecho, no una concesión. La exigencia de seguridad para la marcha no es un trámite, es una obligación del Estado. Y la omisión de las instituciones que deberían defender derechos humanos no es neutral: se vuelve parte del problema. El 8M, las calles volverán a ser el espacio donde las mujeres se plantan, se cuidan entre sí y le recuerdan al poder que no están dispuestas a retroceder.

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