Keyla y 16 mujeres por la restauración del manglar en Yucatán

Keyla Vázquez es una restauradora de manglar que, parada junto al manglar que ahora está lleno de vida en Progreso, expresa con alegría y orgullo todo el avance que, junto con sus 16 compañeras Chelemeras, han logrado al menos 100 hectáreas en la restitución de esta Área Natural Protegida (ANP).

Foto: Cecilia Abreu

Recuerda muy claramente que cuando iniciaron con esta labor, lo hacían por un sueldo en una zona completamente seca, sin embargo, pronto «aprendimos en qué nos beneficia como comunidad, por los peces que se hacen los criaderos en los manglares, en diferentes especies como aquí, por ejemplo, hemos encontrado aves huevos de aves nidos de de diferentes peces camarón chivita».

Todo esto, profundiza, beneficia a la pesca de la costa yucateca, que es una actividad económica importante en la zona; además, logran restablecer la protección que estas áreas naturales otorgan ante la llegada de ciclones. «En muchas ocasiones, la misma comunidad no sabe la importancia que tiene para nosotrxs eso«.

Foto: Cecilia Abreu

Pero ella y las demás Chelemeras, con su labor, no solamente han aprendido, sino que ahora transmiten todo ese conocimiento a su comunidad, empezando por las infancias, sus hijas e hijos que desde temprana edad ya reconocen la importancia de los manglares y lo comparten con sus amistades en la escuela.

Con orgullo, mira que están contribuyendo para frenar el cambio climático, pero también para que la gente esté más informada y pueda preservar los manglares. «Si nosotras de adultas aprendimos cuáles son las diferentes especies de manganes, en dónde vive cada uno o cuál es su función, ahora nuestrxs hijxs, tienen seis-siete años y ya lo saben».

«La verdad nos ha ayudado en la mentalidad y en muchas cosas, hemos aprendido muchas cosas, ya no es solo por el sueldo, sabemos la importancia de las acciones que nosotros hacemos».

Esto, ha impactado en toda la comunidad, incluso logrando que sus esposos reconozcan y aprecien la labor que realizan, pues expresa que han ido a ayudarlas y han visto el esfuerzo físico, así como el conocimiento que estas labores requieren, llegando a aceptar que también ellos tienen que aportar en las labores del hogar, «nos ha fortalecido un poco también como familias».

«Ahora nos sorprende y nos emociona ver cada planta en la que hay gracias a nuestro trabajo».

Keyla vázquez, restauradora de manglar
Foto: Cecilia Abreu

Pero no todo ha sido sencillo

Las Chelemeras iniciaron esta labor por un trabajo temporal que ofrecieron en Progreso, sin embargo, los hombres de la comunidad no se interesaron porque únicamente se trataba de un salario de 60 pesos por una jornada de ocho horas con desgaste físico; fue así que, las mujeres, tomaron los puestos mirando que un extra en sus hogares sería conveniente.

Foto: Cecilia Abreu

«Cuando empezamos a trabajar, eran unas zonas muy áridas, empezamos a hacer los canales y nos llenábamos así de super lodo y todo y no había ni en donde enjuagarse porque no había nada de agua, cuando regresamos al próximo día ese canal, que hicimos ya tenía agua»… los resultados de la naturaleza, las motivaron y aunque actualmente ya hay agua en la zona y pueden aprovecharla, la falta de insumos para realizar su labor, continúa.

Palos y botas son un par de los artículos que necesitan para trabajar, mismos que sufren un desgaste extremo por las condiciones en las que son utilizados, no solo por la labor que ocasiona que se rompan, sino también por el salitre y lamentan que no siempre cuentan con apoyos o recursos económicos que les permitan continuar trabajando. En ocasiones, incluso han llegado a invertir de sus propios bolsillos para continuar con las restauraciones.

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