Cultura

Más de 20 mil personas celebran a Manzanero Mérida

El concierto Manzanero regresa a casa, realizado en el marco del Mérida Fest por el 484 aniversario de la ciudad, reunió a artistas locales y nacionales en un homenaje multitudinario.

Por David Rico

Mérida, Yucatán, a 11 de enero de 2026.- La calle 62, en los alrededores de la Plaza Grande de Mérida, comenzó a llenarse desde temprano. Miles de personas acudieron a rendir homenaje a Armando Manzanero, compositor fundamental de la música mexicana. Desde el inicio quedó claro que no sería una cita más: la ciudad se preparaba para reencontrarse con una obra que sigue habitando su vida cotidiana.

Antes de que sonara la primera nota del concierto Manzanero regresa a casa, la alcaldesa Cecilia Patrón Laviada puso palabras a lo que ya flotaba en el ambiente: “Esta noche Manzanero regresa a casa para cantarle a nuestra Mérida entrañable. Mérida de los ratos felices, hermosa ciudad, musa de su inolvidable trabajo, a la que amaba y que, como él, también adoramos”. La frase bastó para que la emoción encontrara su sitio entre el público.

El concierto, realizado en el marco del Mérida Fest por el 484 aniversario de la ciudad, avanzó entre fragmentos de entrevistas del propio Armando Manzanero, proyectadas como confesiones abiertas. Su voz hablaba de Mérida y de Yucatán, nombraba la belleza de su tierra y el origen íntimo de sus canciones. No era un recurso nostálgico, era el autor dialogando con su ciudad desde otro tiempo, incluso cantando en maya, recordando que su obra nació aquí y desde aquí se volvió universal.

Juan Pablo Manzanero subió al escenario con la naturalidad de quien no hereda un apellido, sino una historia viva. Interpretó Somos novios y Esperaré, y compartió cómo su padre lo llamaba “pelaná”, ese “hijo lindo querido” tan yucateco que provocó sonrisas cómplices. Con Adoro, el aplauso fue inmediato: más de 20 mil personas —los datos oficiales lo confirman— cantando al unísono. La plaza se volvió un solo coro. También interpretó Te extraño, reforzando el tono íntimo del momento.

Los artistas locales sostuvieron el pulso del homenaje con oficio y arraigo. La jazzista Gina Osorno aportó elegancia con Cuando estoy contigo y Me vuelves loca. Los Juglares llevaron la celebración a un terreno festivo y entrañable con No sé tú, Flor de azahar, Parece que fue ayer y Aires del Mayab. No faltaron las bombas yucatecas, picarescas y subidas de tono, como debe ser, celebradas sin reservas por el público.

Entonces llegó el punto de quiebre de la noche. Alex Lora apareció en escena y el ánimo cambió de inmediato. El frontman de El Tri, acompañado de Chela Lora, arrancó con No y Quién da un peso por mis sueños. Recordó que el maestro Manzanero había interpretado alguna vez Triste canción a su manera y, sin pedir permiso, llevó el homenaje al terreno del rock.

La reacción fue instantánea. Triste canción retumbó entre la Casa de Montejo, la Catedral, el Ayuntamiento y el Palacio de Gobierno. Mérida vibró, cantando al unísono. Con Chela ya en escena, el remate fue ADO. Lora se entregó por completo, sin cálculo ni concesiones. Fue el momento toral del concierto, el estallido colectivo, el punto más alto de la noche.

Después vino un respiro. Juan Pablo regresó con Somos novios y Voy a apagar la luz, preparando el escenario para Susana Zabaleta. Vestida de rojo, fiel a su estilo, transformó el ambiente: derrochó sensualidad sin estridencias, jugó con el público y sostuvo silencios cargados de intención. Interpretó Nada personal, Nos hizo falta tiempo, Como yo te amé y Piel canela, acompañada por Los Juglares. No cantó a Manzanero: lo habitó. La plaza se rindió.

Más tarde apareció Francisco Céspedes con Contigo aprendí, Mía y Por debajo de la mesa. El público pidió Vida loca. El artista quiso complacer, pero la banda no se sabía la canción. Intentó guiar al pianista, sin éxito. Al final, ofreció un fragmento a capela: breve, imperfecto y honesto, que también fue celebrado.

El cierre reunió a todos los participantes para cantar Esta tarde vi llover y Felicidad. Sin artificios ni estridencias: voces compartidas, una obra inmensa y una ciudad reconociéndose en ella.

La noche dejó claro que no se trató solo de un homenaje. Armando Manzanero —compositor universal, yucateco profundo— no apareció como figura del pasado, sino como una presencia viva en cada canción. Regresó a casa, sí, pero el concierto confirmó lo evidente: él y su música nunca se han ido de Mérida.

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