Mérida abrió los brazos al mundo en su noche inaugural
La calle 62 se convirtió en escenario para celebrar los 484 años de la ciudad con música, voces queridas y un viaje sonoro por distintas latitudes.
Por David Rico
Mérida, Yucatán, a 6 de enero de 2026.- La noche se abrió como un abrazo. No sólo porque así se llamó el concierto inaugural del Mérida Fest, “Con los brazos abiertos, música del mundo”, sino porque desde la calle 62, cerrada al tránsito y tomada por la gente, la ciudad pareció ensancharse para celebrar sus 484 años. Ahí estuve, entre cientos de personas que llenaron el tramo entre las calles 61 y 63, dispuestas a escuchar, mirar y sentirse parte de una fiesta que es mucho más que un simple “aniversario”.
Antes de la primera nota, la alcaldesa Cecilia Patrón Laviada tomó el micrófono. Fue un mensaje breve y directo: bienvenida, unidad y el llamado a disfrutar juntos de una ciudad única. No hizo falta más. El aplauso fue inmediato y dejó en el aire esa expectativa que sólo aparece cuando se sabe que algo importante está por comenzar.



Y comenzó. Bajo la dirección del maestro Pedro Carlos Herrera, la música marcó el rumbo de un concierto pensado especialmente para el festejo: un recorrido sonoro por distintas partes del mundo, interpretado por voces entrañables para las y los meridanos. Jesús Armando, María Teresa, Marilú Basulto y Eduardo Vázquez no sólo cantaron; se encontraron con el público desde la cercanía que da escuchar a intérpretes que forman parte de la vida cultural de la ciudad.
Cada canción fue una escena completa. No se trató sólo de interpretar piezas conocidas, sino de crear ambientes. A la música se sumaron bailarinas y bailarines que dieron cuerpo a cada ritmo: el taconeo firme del flamenco, el abrazo intenso del tango, gestos y colores que remitían a otras tierras. El Ballet Folclórico Alma de México acompañó cada número, mientras las proyecciones audiovisuales ayudaron a situar al público en cada país, llevando la experiencia más allá de lo sonoro.



De Perú llegó Fina estampa, elegante y sobria; de España, Quiero abrazarte tanto, casi convertida en coro colectivo; de Italia, Volare, luminosa y reconocible; de Puerto Rico, Lamento Borincano, que por un momento silenció la calle; de Brasil, Usted abusó, con su cadencia envolvente; y de Argentina, El día que me quieras, cantada desde una nostalgia compartida. Hubo aplausos, coros espontáneos y también silencios atentos, de esos que dicen más que cualquier ovación.
Miré alrededor. Familias completas, jóvenes, personas mayores, turistas y vecinos del Centro Histórico compartían la misma escena. No había prisa. Por una noche, la ciudad decidió escucharse a sí misma a través del mundo. Mérida celebró su aniversario no mirándose al espejo, sino abriendo los brazos para reconocerse diversa, abierta y hospitalaria.



Hacia el final quedó claro que no fue sólo una gala musical. Fue un gesto simbólico: celebrar 484 años de historia apostando por la cultura y por sus creadores como punto de encuentro. Música, danza, imágenes y voces recordando que una ciudad también se construye desde lo que canta, lo que baila y lo que comparte en el espacio público.
Salí de la calle 62 con la certeza de haber asistido no sólo a un concierto, sino a una declaración de identidad. Mérida comenzó su fiesta así: con los brazos abiertos.

