Aguijones de raya y una espina de bagre revelan antiguos rituales mayas
Los objetos fueron encontrados junto a entierros en el Tramo 1 del Tren Maya y ahora son analizados por especialistas del INAH para conocer si fueron utilizados en prácticas de autosacrificio.
Por Redacción
Mérida, Yucatán, a 7 de septiembre de 2026.- Tres aguijones de raya y una espina de bagre, recuperados durante los trabajos arqueológicos del Tren Maya, podrían aportar nuevas pistas sobre las prácticas rituales de las antiguas sociedades mayas, particularmente sobre el autosacrificio.
Los objetos fueron encontrados en contextos funerarios en un área de aproximadamente tres hectáreas vinculada con el río Usumacinta, cerca de Tenosique, Tabasco. El material fue recuperado en junio de 2021, durante el salvamento arqueológico realizado antes de las obras del Tramo 1, que comprende 226 kilómetros entre Palenque, Chiapas, y Escárcega, Campeche.
Ahora, especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) estudian las piezas para determinar su función y relación con los entierros.
El autosacrificio fue una práctica extendida en el área maya desde el Preclásico Tardío hasta el Posclásico, entre 500 a.C. y 1520 d.C. Consistía en provocar voluntariamente la salida de sangre para ofrecerla a seres sobrenaturales y, de acuerdo con las creencias de la época, purificarse antes de realizar determinados rituales.
En las Tierras Bajas del Sur, los aguijones de raya eran uno de los instrumentos utilizados para estas prácticas. La sangre podía ser recolectada en recipientes con hojas de corteza de árbol que, una vez secas, eran quemadas como parte del ritual.
Piezas encontradas junto a entierros
Uno de los objetos recuperados corresponde a un fragmento de aguijón de raya de aproximadamente tres centímetros. Presenta fracturas provocadas por la presión del sedimento y un pulido producido por el contacto con materiales abrasivos. Fue localizado asociado al entierro de un individuo, aunque los investigadores no descartan que pudiera tratarse de una ofrenda funeraria.
Un segundo aguijón presenta características similares, mientras que el tercero, también asociado con un entierro, conserva fracturas y restos de sedimento adheridos a su superficie.
Pero el hallazgo que despierta especial interés es una espina de bagre, localizada como parte del entierro de un adulto masculino.
A diferencia de los aguijones de raya, este tipo de pieza es poco común en los registros relacionados con el autosacrificio. Sin embargo, los investigadores consideran que podría tener una relación temática con otros objetos de origen acuático asociados simbólicamente con el inframundo maya, conocido como Xibalbá.
La zooarqueóloga Marisol Arce Acosta, responsable de la investigación, explicó que los aguijones pertenecen a las familias Dasyatidae, conocidas como rayas látigo, y Myliobatidae, o rayas águila, ambas de agua salada. En cambio, la espina de bagre pertenece a la familia Ictaluridae, de agua dulce.
Esta diferencia resulta particularmente interesante para los especialistas, pues todavía no está claro si las espinas de bagre fueron utilizadas como instrumentos de autosacrificio. Su forma, sin embargo, hace posible que pudieran cumplir una función similar.
La investigación continúa y busca determinar no sólo para qué fueron utilizadas las piezas, sino también qué relación tenían con los entierros en los que aparecieron.
Para los especialistas, los objetos muestran además algo más sencillo y cotidiano: los antiguos habitantes de la región aprovechaban los recursos de su entorno no sólo como alimento, sino también para elaborar herramientas y objetos vinculados con sus prácticas rituales.
El análisis de estos pequeños fragmentos, recuperados hace más de cinco años durante las obras del Tren Maya, podría así aportar nuevas pistas sobre la manera en que las sociedades mayas entendían la sangre, la muerte, el agua y su relación con el mundo sobrenatural.
