Ameba en Plaza La Isla no implica riesgo en todos los cuerpos de agua de Mérida
La Dra. Karla Paulina Rodríguez Medina, especialista en humedales urbanos de la ENES Mérida de la UNAM, advierte que las condiciones detectadas en un sitio no pueden generalizarse al resto y que medidas como la cloración podrían afectar los procesos ecológicos y la biodiversidad de otros humedales.
Por Redacción
Mérida, Yucatán, 23 de septiembre de 2026.— La detección de Naegleria fowleri en el lago artificial de Plaza La Isla, donde un instructor de deportes acuáticos murió tras infectarse con la llamada “ameba comecerebros”, ha generado preocupación sobre las condiciones de otros cuerpos de agua de Mérida.
Ante este caso, la Dra. Karla Paulina Rodríguez Medina, profesora de la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) Unidad Mérida de la UNAM, señaló que las condiciones encontradas en un sitio específico no permiten asumir que sean las mismas en lagos, humedales, cenotes o antiguas sascaberas de la ciudad.

“No todos los cuerpos de agua son iguales ni presentan las mismas condiciones ambientales. La presencia de un microorganismo en un sitio específico no significa que esté presente en todos. Para determinarlo se requieren estudios y análisis específicos”, explicó.
La especialista destacó que en Mérida existen cuerpos de agua con distintos orígenes, características y funciones. Algunos fueron construidos para actividades recreativas o turísticas, o forman parte de desarrollos urbanos, mientras que otros corresponden a antiguas zonas de extracción de materiales para construcción, conocidas como sascaberas.
Algunas de estas excavaciones han permanecido abandonadas durante más de 40 años y, con el paso del tiempo, han desarrollado dinámicas ecológicas propias, con vegetación acuática y semiacuática, peces, anfibios, caracoles, insectos y otros organismos.
Rodríguez Medina explicó que incluso entre los propios humedales urbanos existen diferencias importantes. Como parte de una investigación que realiza actualmente, se han estudiado cuatro humedales en los que se ha observado vegetación adaptada a condiciones de inundación y distintas dinámicas hidrológicas.
Algunos mantienen agua durante todo el año y presentan condiciones que favorecen niveles adecuados de oxígeno disuelto y una importante biodiversidad acuática, mientras que otros tienen un comportamiento más estacional.
“Estas características ecológicas e hidrológicas son muy diferentes de las que puede presentar un cuerpo de agua simplemente estancado o con problemas de calidad de agua”, señaló.
No todos requieren el mismo manejo
La académica señaló que tampoco basta con clasificar un sitio como natural o artificial para determinar las medidas que deben aplicarse. Es necesario conocer su origen, funcionamiento, calidad ambiental, biodiversidad, uso y condiciones de manejo.
Una instalación destinada a actividades recreativas que implican contacto directo con el agua requiere condiciones específicas de mantenimiento, monitoreo y control sanitario. Un humedal urbano que alberga biodiversidad, en cambio, requiere estrategias orientadas a conservar sus procesos ecológicos.
Por ello, Rodríguez Medina expresó preocupación ante la posibilidad de aplicar medidas generalizadas a todos los cuerpos de agua de Mérida.
“Me preocuparía que se plantearan medidas generalizadas como clorar humedales urbanos. Las decisiones de manejo deben responder a las características de cada sitio y estar sustentadas en evidencia científica”, enfatizó.
La especialista señaló que una medida pensada para controlar un riesgo sanitario en un cuerpo de agua recreativo no necesariamente puede trasladarse de la misma manera a un humedal que funciona como hábitat para distintas especies.
Esto no significa, explicó, que los humedales urbanos no puedan ser espacios para actividades recreativas. Entre las posibilidades mencionó la observación de aves, flora y fauna, la educación ambiental, la fotografía de naturaleza y el disfrute del paisaje.
La diferencia está en la manera de relacionarse con estos ecosistemas: no necesariamente es necesario ingresar al agua para disfrutarlos, sino que también pueden observarse y conocerse desde afuera, respetando su dinámica natural y la biodiversidad que albergan.
La presencia de la ameba requiere estudios específicos
Naegleria fowleri es una ameba de vida libre asociada principalmente con ambientes de agua dulce y temperaturas elevadas.
Su hallazgo en un sitio específico no permite afirmar que esté presente en otros cuerpos de agua de Mérida ni determinar, sin estudios adicionales, cuáles fueron las condiciones que favorecieron su presencia.
Por ello, la especialista consideró necesario que las decisiones sobre el manejo de estos espacios partan de información específica y no de una generalización a partir del caso de Plaza La Isla.
El episodio también pone sobre la mesa la diversidad de cuerpos de agua que existen dentro de una ciudad que ha crecido rápidamente. Durante las últimas décadas, lagos, estanques y excavaciones inundadas han quedado incorporados a plazas comerciales, parques y desarrollos habitacionales, mientras otros espacios han adquirido con el tiempo características de humedales urbanos.
Rodríguez Medina señaló que es necesario continuar estudiando estos ecosistemas y conocer las condiciones particulares de cada uno para definir cómo deben ser manejados.
También destacó su función como parte de la infraestructura verde-azul de Mérida y como soluciones basadas en la naturaleza para la adaptación al cambio climático, especialmente ante la expansión de la superficie de concreto y la necesidad de conservar espacios naturales que contribuyan a la resiliencia de la ciudad.
“Informar sobre los riesgos es fundamental, pero también lo es comunicar con contexto y sustento científico. Generalizar puede generar desinformación y conducir a decisiones de manejo inadecuadas”, concluyó.
