Cultura

Diego Luna retrata el abandono y la soledad migrante en Ceniza en la boca

Desde el 24 Festival Internacional de Cine de Morelia, el director habló de la adaptación de la novela de Brenda Navarro, una historia atravesada por el abandono materno, los vínculos familiares y la búsqueda de comunidad lejos del lugar de origen.

Pr David Rico

Morelia, Michoacán, 18 de octubre de 2026.- ¿Qué queda de una familia cuando la madre se va? Esa ausencia es el punto de partida de Ceniza en la boca, la película de Diego Luna presentada en el 24 Festival Internacional de Cine de Morelia, que también explora la soledad de migrar y la necesidad de encontrar una comunidad lejos de México.

Durante la rueda de prensa, Diego Luna explicó que encontró varias historias posibles en la novela de Brenda Navarro, pero hubo una que permaneció con él y terminó por definir su lectura de la obra.

“El pedacito de historia que ahí encontré, que no me soltaba, era la historia de una hija que crece con esta ausencia materna, con la narrativa de un abandono materno”, dijo.

El director señaló que Navarro les dio la libertad de encontrar su propia película a partir del libro. La adaptación, explicó, se construyó desde su lectura personal y las aportaciones del elenco, en un proceso que también transformó su manera de acercarse a la historia.

La migración y la necesidad de hacer comunidad

La película sitúa a una joven mexicana en España, lejos de su país y de sus referentes afectivos. En ese contexto, la ausencia familiar se cruza con las dificultades de encontrar un lugar propio y construir vínculos en un entorno distinto.

Durante la conversación, las actrices Adriana Paz, Anna Díaz y Luisa Huertas hablaron de las relaciones que Lucila establece con otros personajes. Algunos representan un apoyo emocional, mientras que otros la impulsan a buscar un lugar donde pueda sentirse parte de algo.

Luisa compartió que la película la conectó con su propia experiencia como migrante y con la pérdida de su padre durante la infancia. La historia la llevó a mirar sus propias ausencias y dificultades, y a reflexionar sobre cómo la paz también se construye desde las experiencias individuales y la comunidad.

Un rodaje basado en la confianza

Luna habló de su trabajo con el elenco y de la importancia de crear un espacio en el que las actrices y los actores puedan proponer, explorar sus personajes y reaccionar a situaciones inesperadas.

Su experiencia como actor, explicó, le permitió entender la vulnerabilidad que implica ponerse frente a una cámara y la necesidad de respetar los tiempos de quienes interpretan una historia.

“Yo creo en la comunicación como la gran herramienta para hacer cine y, en particular, para dirigir”, señaló.

Adriana Paz  recordó que, durante el primer día de rodaje, en un cementerio, Luna reunió al equipo en círculo y pidió a cada integrante que eligiera una intención para comenzar la filmación. Describió el set como un espacio “sagrado”, marcado por el silencio y el respeto.

El joven actor Sergio Bautista, de 16 años, destacó la relación que construyó con Adriana durante el rodaje. La conexión entre ambos, que interpretan a hermanos, dijo, fue especial tanto frente a la cámara como fuera de ella.

Sobre la selección del elenco, Diego  Luna contó que realizaron un proceso abierto para encontrar a la intérprete de Lucila, con pruebas a más de 200 actrices. Tras ver la prueba de Ana, consideró que ella y Adriana Paz podían construir la relación entre madre e hija que sostiene buena parte de la historia.

Durante la rueda de prensa, el director y el elenco coincidieron en la importancia de los vínculos y la comunidad frente a la soledad. En Ceniza en la boca, la ausencia materna y la migración no solo definen el conflicto de la protagonista, sino que abren una reflexión sobre la pertenencia y las relaciones que ayudan a sobrellevar la distancia.

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