Guillermo del Toro: el arte frente al fascismo
Desde el Festival Internacional de Cine de Morelia, en el marco del 20 aniversario de El laberinto del fauno, el cineasta alerta sobre el resurgimiento del fascismo, denuncia la ingeniería social en redes que alimenta el odio y la división, y reivindica el arte como una forma de resistencia, comunicación y liberación espiritual frente a quienes buscan deshumanizar a la sociedad.
Por David Rico
Morelia, Michoacán, 18 de octubre de 2026.- El fascismo no pertenece únicamente al pasado. Guillermo del Toro advirtió sobre el resurgimiento de sus mecanismos de dominación y señaló que la división social, la fabricación del odio y el enfrentamiento entre grupos siguen siendo estrategias para debilitar a la sociedad y proteger a quienes concentran el poder.
Durante una charla en el marco de la edición 24 del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), con motivo de los 20 años de El laberinto del fauno, el cineasta mexicano reflexionó sobre la vigencia política de la película y la manera en que las ideas fascistas pueden reaparecer cuando se promueve la confrontación entre personas en lugar de cuestionar a quienes ejercen el poder.
Del Toro recordó que, cuando se estrenó la cinta, un periodista le comentó que hablar del fascismo cuando ya había sido derrotado no era tan difícil. Su respuesta fue una advertencia sobre su posible regreso: “Se pone de moda otra vez, no se preocupe”.
Para el director, los mecanismos de dominación conservan una lógica que atraviesa distintas épocas. “Se subsisten las mismas leyes desde el principio: dividir, crear odio, generar antagonismo”, señaló al referirse a prácticas que identificó desde los regímenes de Joseph Goebbels y Benito Mussolini.
El cineasta sostuvo que una de las estrategias centrales consiste en hacer creer a las personas que el problema está en quienes tienen al lado, mientras quienes concentran el poder permanecen protegidos. “La gente que es el problema está arriba, se protege, domina, divide, debilita”, afirmó.
El odio también se fabrica en las redes
Del Toro expresó especial preocupación por la ingeniería social que, según señaló, opera actualmente en las plataformas digitales mediante bots y redes que fomentan la división y simulan una ausencia total de esperanza.
Advirtió que los contenidos más “terribles, vulgares, ofensivos, brutales” dominan cada vez más el flujo de información que reciben las personas, una dinámica que consideró peligrosa por la familiaridad que genera con la violencia y la deshumanización.
En su reflexión, la división no es necesariamente un fenómeno accidental ni una repetición automática de la historia. El director planteó que existe una voluntad de profundizar las diferencias y convertirlas en instrumentos de enfrentamiento entre grupos.
Frente a ese escenario, vinculó el conflicto de El laberinto del fauno con una confrontación entre dos formas de fe. Destacó la de la niña protagonista, cuyo fundamento está atravesado por el dolor y la realidad, frente a la del personaje fascista.
La fantasía, explicó, no se limita a los mundos imaginarios que construye el cine. También permite observar las reglas absurdas que se imponen desde la política cuando las diferencias se utilizan para alimentar el odio.
“Eso sí es creado, eso sí es fantástico, que no somos iguales, eso es lo que quieren fomentar, pero somos”, expresó.
El arte como resistencia
El director también cuestionó que los intereses económicos y tecnológicos pretendan reducir el valor de la creación artística a la producción de imágenes mediante aplicaciones.
Para Del Toro, el arte conserva una función que no puede reducirse a la fabricación de contenidos visuales, pues constituye una de las pocas vías para reflexionar sobre quiénes somos y aquello que compartimos como sociedad.
“Eso no es arte, pueden ser imágenes, pero no es arte”, sostuvo al cuestionar las herramientas que prometen sustituir la creación artística. Añadió que esas imágenes no cumplen necesariamente la función de comunicación ni la de liberación espiritual que, desde su perspectiva, definen al arte.
A dos décadas de El laberinto del fauno, su reflexión vuelve sobre uno de los ejes centrales de la película: la confrontación entre la violencia autoritaria y la posibilidad de preservar la imaginación, la esperanza y la humanidad incluso en medio de la opresión.
En un contexto que el cineasta observa marcado por la polarización y la expansión de discursos de odio, su defensa del arte apunta a su capacidad para abrir espacios de encuentro y recordar aquello que los mecanismos de división buscan borrar: lo que las personas tienen en común.
