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La Niña Blanca, un ángel para quienes encuentran refugio en ella

Entre túnicas, joyas, veladoras y ofrendas, cientos de devotos se reunieron frente al Cementerio Xoclán para celebrar a la Santa Muerte, una figura de protección y refugio para quienes la veneran.

Por David Rico

Mérida, Yucatán, a 1 de noviembre de 2026.- La noche del 31 de octubre, frente al Cementerio Xoclán, la Santa Muerte tuvo su fiesta. Cientos de personas llegaron para venerar a la Niña Blanca, La Comadre, La Madrina, con sus figuras de distintos tamaños, sus túnicas, joyas y arreglos. Había quienes la cargaban entre los brazos y quienes se acercaban a los altares para dejarle una veladora, una flor o simplemente pasar un momento junto a ella.

Desde hace más de una década, los devotos y devotas se reúnen para festejarla en Mérida. La celebración tiene como punto de encuentro el Santuario Familia de Devotos, en la colonia Mercedes Barrera, y cada año convoca a quienes han hecho de la Santa Muerte una figura cercana, alguien a quien encomendarse, agradecer o pedir protección.

Su imagen puede parecer sombría. Tiene rostro de calavera, lleva guadaña y viste túnicas que cambian de color según la representación. Para muchos, esa apariencia basta para relacionarla con el diablo o lo satánico. Pero sus creyentes la miran de otra manera. Algunos la consideran un ángel, una creación de Dios que acompaña a quienes le confían sus penas y esperanzas.

Quizá por eso su culto reúne a personas que no siempre encuentran un sitio en otras expresiones religiosas. En sus altares caben las identidades proscritas, quienes han sido señalados, las personas que atraviesan momentos difíciles y quienes no necesitan que alguien les diga cómo deben vivir para merecer una bendición. La Niña Blanca no pide explicaciones ni exige una vida perfecta. Está ahí, dicen sus devotos, para todos.

Este año también hubo rifas de playeras del santuario y de pequeñas figuras de la Santa Muerte, a las que llaman niñas. Lo reunido serviría para apoyar distintas causas, entre ellas la batalla contra el cáncer de una persona. Porque alrededor de esta devoción también hay compañerismo, gente que se conoce, que comparte sus creencias y que se organiza para ayudar cuando alguien lo necesita.

La fiesta frente a Xoclán volvió a reunir a esa comunidad que encuentra en la Niña Blanca algo más que una imagen. Para unos será una figura inquietante; para quienes la veneran, es la Madrina, la Comadre, la que escucha cuando hace falta alguien a quien contarle las cosas.

Y mientras otros ven una calavera donde termina la vida, sus devotos encuentran un ángel al que pueden confiarle la suya.

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