Crisis del agua en Mérida, Yucatán
Por María Elena Torres Pérez
Mérida, Yucatán, a 11 de mayo de 2026.- La calidad del agua en Yucatán es indiscutiblemente positiva; por ello destacan nuestras ricas cervezas, entre otros productos. Sin embargo, desde finales del siglo pasado se han publicado investigaciones que alertan sobre la pérdida de calidad y el riesgo de no contar con la cantidad suficiente para abastecer las necesidades agrícolas y urbanas.
Por ello, ponemos sobre la mesa cinco cuestiones que deben considerarse para tomar decisiones adecuadas que garanticen el suministro del vital líquido, acorde con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente los relacionados con Hambre Cero, Salud y Bienestar, Industria e Infraestructura, Ciudades Sostenibles, Acción por el Clima y Vida de Ecosistemas Terrestres.

1. La antigüedad y calidad de las redes
En 1950, la introducción de infraestructura de agua potable y entubada domiciliaria en la colonia Miguel Alemán representó una novedad. Diez años después, el servicio se extendió al Centro Histórico, barrios tradicionales y nuevas colonias de Mérida.
Hoy, esas redes presentan dos problemáticas: las más antiguas, aunque de buena calidad, ya son obsoletas; mientras que las más nuevas suelen ser de calidad mínima. Ambas situaciones se reflejan en los múltiples baches y fugas que existen en la ciudad, tanto en zonas históricas como en áreas de reciente desarrollo.
Los baches tienen relación directa con fugas de agua y, aunque sean reparados superficialmente, volverán a aparecer mientras el problema de fondo permanezca. Según datos recientes de 2026 de la Junta de Agua Potable y Alcantarillado de Yucatán (Japay), entre el 35 y el 40 por ciento del agua potable producida para la zona metropolitana se pierde en las calles.
2. La relación entre oferta y demanda
Las zonas centrales de Mérida tenían en promedio 20 tomas domiciliarias por calle, es decir, una cada 100 metros. Con el paso del tiempo, la demanda de agua aumentó debido al cambio de uso de suelo: viviendas convertidas en comercios, hoteles, restaurantes, talleres o fábricas.
Algo similar ocurre en las nuevas zonas habitacionales, donde la demanda suele calcularse con base en el número mínimo de habitantes por vivienda, sin considerar el crecimiento urbano y los cambios futuros de uso de suelo.
El incremento de la demanda termina convirtiéndose en un problema que cada ciudadano resuelve por su cuenta, muchas veces sin considerar los efectos colectivos. Un ejemplo es la instalación de bombas conectadas directamente a la red, sin cisternas, lo que provoca rupturas en las tuberías del suministro urbano.
3. Las densidades constructivas
Durante décadas, las viviendas contaban con patios y jardines. Sin embargo, esos espacios han sido sustituidos para optimizar el uso y la plusvalía del suelo.
La consecuencia es clara: cada vez hay menos áreas verdes y permeables, reemplazadas por concreto y asfalto impermeables. Como resultado, el agua de lluvia termina escurriendo hacia las calles.
A ello se suma que las vialidades tienen un sistema de drenaje calculado para ciertas capacidades, lo que provoca calles anegadas durante largos periodos y la aparición de plagas asociadas a los encharcamientos.
4. Contaminación
El problema no es únicamente que el agua de lluvia llegue a las calles, sino la magnitud del fenómeno. Se estima que nueve de cada diez predios descargan su desagüe hacia la vía pública, rebasando la capacidad de absorción de zanjas y pozos urbanos.
Esa agua, que inicialmente cae limpia del cielo, se mezcla con suciedad, aceites y combustibles altamente contaminantes. Posteriormente, se infiltra al subsuelo y termina afectando los primeros mantos acuíferos.
5. La interrupción del ciclo natural del agua
La suma de un suministro inadecuado, la falta de drenaje eficiente, la ausencia de tratamiento de aguas residuales y la pérdida de permeabilidad del suelo interrumpe la recarga natural del manto acuífero.
Esto disminuye tanto la cantidad de agua útil para consumo humano como la capacidad de mantener el equilibrio entre lluvia y recarga subterránea.
Además, comienza a observarse un desequilibrio incluso en la formación de nubes, ya que estas son atraídas por la vegetación, otro elemento que también se ha reducido considerablemente en la ciudad.
